Juan de Pablos: “Lo mío ha sido una historia de amor, amor correspondido”

Diego A. Manrique
Madrid 20 FEB 2019 – 11:27 CET

Juan de Pablos ha cumplido este martes los 71 años y ha firmado los papeles para la jubilación. Termina así un periodo de incertidumbre, cuando el oyente no sabía si esa noche presentaría su espacio de Radio 3, Flor de pasión. En sus propias palabras, “Estaba delicado. Pasaba temporadas en Valencia, recuperaba el ánimo y, cuando volvía a Madrid, se desbarataba todo. Después de varios episodios, decidí cerrar mi etapa en la radio”.

Todo en Juan de Pablos era imprevisible. Durante años, se creía que el título de su programa, Flor de pasión, venía de un standard de Duke Ellington, Passion flower. Y no: estaba inspirado por la canción homónima de Stoneground, un olvidado grupo hippy californiano. “Viene de aquella época en que salían relativamente pocos elepés de rock en España y los apurabas buscando sentido a aquellas canciones, que se convertían en míticas para mis entendederas. También tuve un programa de country-rock llamado Ozono, por el disco Lost in the ozone, de Commander Cody. Hace unos años, recuperé el título y el concepto cuando me llamaron de Canal Extremadura Radio. Como había nacido en Cáceres, me consideraban extremeño.”

Hijo de militar, Juan recorrió varias ciudades antes de recalar en Madrid. En la capital desatendió los estudios cuando descubrió clanes de aficionados a la música pop, que se agrupaban alrededor de diversas emisoras. Pronto se vio que marchaba al ritmo de su propio tambor: colaborador de Apuntes Universitarios, cuando la revista preparó un monográfico sobre Bob Dylan, se marcó una reivindicación de Self portrait, entonces detestado universalmente por los dylanianos.

No se trataba de una pose: en Juan de Pablos no hay ni un gramo de doblez. En un ejercicio de permanente educación sentimental, está consagrado a la búsqueda de canciones, de cualquier estilo. Carece de prejuicios o, por lo menos, no se evidencian en sus selecciones. Vive entre discos, en un mundo propio que llamó la atención de los cineastas. Como actor secundario, apareció en películas de Fernando Trueba (El año de las luces), Fernando Colomo (Bajarse al moro) o Luis García-Berlanga (Moros y cristianos).

En el programa televisivo A uan ba buluba balam bambú, de Carlos Tena, participó en sketches delirantes, aparte de entrevistar a gigantes como Ennio Morricone o John Martyn. “Yo me prestaba a lo que me pidieran. El único inconveniente venía de mis biorritmos. El cine es muy madrugador y yo no soy persona hasta la tarde.” Que conste que lo soportaba todo, incluyendo ser relegado a la noche: “en Radio EL PAÍS, cerraba las emisiones, a las 2 de la madrugada. En Radio 3, aunque iba grabado, también terminé a esa hora.”

Personaje muy querido en el mundillo musical, recibía homenajes regulares en el club madrileño Siroco, donde ejercía de DJ y presentaba a grupos en su onda, es decir, inspirados de alguna manera por el pop más luminoso de los años 60. Ahora mismo, comenta, le encantaría compartir cartel “con Axolotes Mexicanos, que son dos hermanos asturianos. Siempre he dado mucha importancia a la familia. Además, graban para uno de mis sellos favoritos, Elefant Records, así que miel sobre hojuelas”.

Para los que pensábamos que Juan necesitaba la radio como el oxígeno, una sorpresa: “tardé en aceptarlo pero me resigné al verme imposibilitado de trabajar: debes tener mucha, mucha energía para comunicarte con los oyentes. Además, no significa que me desinterese por la música. Ahora ando muy obsesionado por Donny Hathaway, aquel cantante de soul que se suicidó. El último tema que puse en Flor de pasión fue suyo, Love, love, love. Qué menos: lo mío ha sido una historia de amor. Amor correspondido”.

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